Éste es el artículo que he publicado en El Periódico de hoy:
Últimamente me suelen preguntar si en estos tiempos es más difícil emprender. Aunque emprender es siempre complicado (con crisis o sin ella) y que a priori la respuesta parece ser afirmativa, la realidad es que la situación de crisis es el hábitat natural de un emprendedor: las primeras ventas, conseguir la primera financiación antes de haber demostrado nada (y la segunda ¡demostrando que no la necesitas!), hacer malabares para pagar las nóminas a final de mes, estar permanentemente en la cuerda floja hasta conseguir el punto muerto. ¡Somos unos expertos en gestionar crisis! ¡Nos deberían contratar los gobiernos!
Ahora es más complicado conseguir financiación para proyectos de riesgo alto (tecnológicos, emergentes). Pero, como dicen en mi pueblo, qui no arrisca, no pisca! Quizá en estos momentos lo más práctico es optar por negocios con una ruta más rápida para generar caja contante y sonante. Ahora más que nunca cash is king. O la postura más radical de Ken Morse (director del Centro de Emprendedores del MIT), cash is more important than your mother.
Conseguir financiación para empezar siempre es complicado. De hecho, como decía mi amigo Victoriano, tener poco cash ayuda a agudizar el ingenio. Existen muchos negocios (especialmente los basados en internet o servicios) que no necesitan una fortuna para empezar a demostrar que pueden funcionar.
Yo empecé con 18 kilos que, aunque puede parecer poco, es una fortuna si lo comparamos con los seis que necesitó Carlos Blanco para fundar Grupo ITnet o los tres de Marc Vidal para crear Cink.
Los más optimistas estamos convencidos de que en épocas como la actual es cuando existen más oportunidades y novedades, debido a los cambios en el orden establecido. Un ejemplo: creo que en ningún momento de la historia un grupo de periodistas con un blog y pocos medios han podido competir con un poderoso e influyente grupo mediático. Siempre es buen momento para emprender. La receta para estas épocas es tener grandes dosis de ilusión para aprovechar las oportunidades que surjan y pragmatismo para monetizarlas.